La vitamina D es una hormona liposoluble que desempeña un papel esencial en la absorción intestinal del calcio y en la resorción ósea. Existen dos tipos principales de vitamina D que difieren en la cadena lateral de la molécula: la vitamina D3 (colecalciferol) y la vitamina D2 (ergocalciferol).
La vitamina D3 se sintetiza en la piel tras la exposición a la radiación UVB o se obtiene a partir de ciertos alimentos de origen animal, como el pescado graso. Por otro lado, la vitamina D2 se obtiene de alimentos de origen vegetal, como los hongos, y es la forma más comúnmente prescrita como suplemento.
Ambas formas (D2 y D3) se almacenan en el tejido adiposo o se convierten en el hígado (y en otros tejidos) en la forma de reserva 25-hidroxivitamina D, es decir, 25(OH)D2 y 25(OH)D3, respectivamente, que también se almacena en el músculo. La concentración total de 25-OH D2 y 25-OH D3 se considera un indicador fiable del estado de vitamina D de una persona.
Para que la 25-OH vitamina D ejerza su efecto, debe someterse a una segunda hidroxilación que tiene lugar principalmente en el riñón. Solo entonces se encuentra en su forma activa, es decir, 1,25(OH)₂ D (1,25-dihidroxivitamina D). Una vez formada, la 1,25(OH)₂ D se une al receptor de vitamina D (VDR) en las células de los tejidos diana.
El VDR participa en el mantenimiento de la normocalcemia al influir en la biología ósea y del músculo esquelético. Una vez formado el complejo 1,25D-VDR, este actúa sobre los elementos de respuesta a la vitamina D (VDRE) para regular la actividad de los genes diana o la expresión génica. De este modo, aumenta la absorción de calcio procedente de la dieta, reduce la pérdida de calcio a través de los riñones y, en casos más graves, estimula la producción de hormona paratiroidea (PTH), lo que induce la resorción ósea y la liberación de calcio desde el hueso.
Además, la vitamina D desempeña un papel clave en diversos procesos fisiológicos, que van desde la modulación de la respuesta inmunitaria hasta la regulación del desarrollo cerebral y la actividad en la edad adulta. Por ello, la vitamina D ha sido ampliamente estudiada en numerosas condiciones patológicas, ya sea como factor de riesgo o como biomarcador sérico de gravedad de la enfermedad.
La hipovitaminosis D se define como una deficiencia grave de vitamina D. Esta se debe con mayor frecuencia a una exposición insuficiente de la piel a la luz solar, combinada con una dieta pobre en vitamina D. La deficiencia de vitamina D puede tener consecuencias graves, como un aumento secundario de la concentración de PTH debido a la deficiencia de calcio, reblandecimiento óseo o atrofia.
La medición de la concentración total de 25(OH)vitamina D circulante es especialmente útil para evaluar el estado de vitamina D. En pacientes con enfermedad renal crónica (ERC) y deficiencia de vitamina D, deben monitorizarse tanto los niveles de 25-OH vitamina D como los de calcio.
La medición de la vitamina D activa, es decir, la concentración de 1,25(OH)₂ vitamina D, contribuye al diagnóstico de diversos trastornos congénitos y adquiridos del metabolismo del calcio, ya que están asociados con alteraciones en la producción renal y extrarrenal de la forma activa de la vitamina D.
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